Paso la siega

Era en primavera, la mañana hermosa
Llena de perfumes, de trino, de sol,
Se infiltró alegre y gozosamente
Dentro de los peligros de mi corazón.
El Maestro vino y me habló dulcemente:
¿No irás a mis campos como sembrador?
Pero la mañana me llenaba el alma
Que dije sintiendo mi pecho cantar:
Maestro, …déjame quedar

Y llegó el verano y el primer rocío
Que cayó abundante sobre la amplia mies.
Y puso en el aire su hálito sedante;
Con mano piadosa refrescó mi sien.
El Maestro vino y me habló quedamente:
¿Mis semillas tiernas no irás a cuidar?
Mas dije: Maestro, déjame quedar,
Cuando el verano apague sus luces
Iré tus semillas gozoso a cuidar.

Y llegó el otoño y en una explosión
De color y luz lo incendiaba todo;
Con sus chispas de oro todo lo cubría
Con regio capuz.
De nuevo el Maestro se acercó y me dijo:
¿Mis maduras mieses no irás a segar?
Si no te retardas aún llegas a tiempo.
Pero era tan lindo, tan lindo el estío,
Que dije: Maestro,…déjame quedar.
Cuando haya gozado la ambrosía de otoño
Correré a tus campos y podré segar.

Y llegó el invierno, todo estaba blanco,
Hacía mucho frío, no brillaba el sol;
La nieve y el hielo todo lo cubrieron
Y hasta se acercaron a mi corazón.
Entonces, voluntariamente me ofrecí al Maestro.
Todos mis esfuerzos, todos mis anhelos
Todo don precioso que habitara en mí.
Más El tristemente movió la cabeza.
Pasó la cosecha, me dijo, solo hay un poco de trigo
Que no se junto, mas fue tu descuido el que lo dejó.
El placer del año pasaste afanoso;
Cuando yo llamaba no oíste mi voz.
¿De qué sirve ahora tu remordimiento?
¿Qué será del trigo que no juntó?

Juan Romero

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